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Dibujá Una Sonrisa
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"Hagámoslo. Ese pequeño gesto hará que mañana el mundo sea un poquito mejor". E. G. (19 de julio de 1933)

Testimonios

Ayuda anónima y un "ángel de la guarda"

Corría el año 1954, la situación en Argentina era inestable tanto social como económicamente. Yo estaba cursando el tercer año de Arquitectura, y con un un par de amigos comenzamos a amasar el sueño de irnos a terminar nuestros estudios al extranjero. Mi padre se opuso desde el primer momento, porque pensó que yo no iba a terminar Arquitectura, sino meterme en Cine.

Yo tenía casi 21 años, a esa edad el desafío ante la autoridad es casi un rito, por lo cual le dije a mi padre que me iría con o sin su ayuda. Y comencé a prepararme para hacerlo.

Recuerdo que trabajé por un año a sol y a sombra para poder ahorrar. Vivíamos en Acasusso y uno de mis trabajos (además de hacer jardinería, carpinteria, baby sitting para todo el vecindario) era el de repartir huevos. Mi clientela esta formada mayormente por familias del barrio y amigas norteamericanas de mi madre. Entre ellas estaba mi "ángel de la guarda", Mrs. Helen Rodman.

Un día, en abril del '55, a la hora del almuerzo, mi padre me preguntó en forma imperativa sobre mis planes de viaje y le respondí que debía posponerlos porque la inflación me había comido los ahorros, y no lograba llegar al pasaje de avión a Nueva York. Mi padre comenzó con una serie de comentarios críticos sobre mi inhabilidad por mantener el valor del dinero. La frustación me llevó a encerrarme en mi cuarto con un ataque de asma.

No sabía que Mrs. Rodman había estado oyendo desde el living la pelea con mi papá, hasta que me pidió permiso para entrar. Sus palabras de consuelo fueron un bálsamo y sin duda "dibujaron una sonrisa" ese día y en el futurto de mi vida. Me dijo que me tranquilizara, que siguiera pensando en mi sueño de cursar estudios universitarios en el extranjero y que "de una forma u otra todo se iba a arreglar" antes de fin de mayo.

Al día siguiente por la noche, llaman a la puerta de calle, y un señor a quien yo no conocía me entregó un libro y un sobre. El libro era "Sublime Obsesion" y el sobre contenía un pasaje y un dinero adicional para comenzar mi aventura en los EEUU. Me explicó que los vecinos de la comunidad norteamericana, en forma anónima, habían decidido darme esa ayuda y que lo único que me pedían era que, cuando yo estuviera en situación de prestar ayuda, que lo hiciera de la misma forma: anónimamente.

Para ellos la motivación por ayudar no debía buscar el aplauso, sino que estaría basada en el convencimiento de que los seres humanos somos como una cadena y la acción de cada eslabón cuenta en el mejoramiento individual y social.

Esas palabras me marcaron para todo la vida.

Pax.

Jorge Prelorán

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